Llueve. Sobre el pavimento mojado se reflejan unos pocos rayos de sol que las nubes no han conseguido frenar. El viento frio golpea las caras y despierta a los somnolientos viandantes. Cada uno tiene su historia: Ese se lleva mal con su padre. Desde que dejó de estudiar su relación no ha vuelto a ser la misma. Está pensando en irse de casa; A esa chica le ha dejado su pareja. Ella no se lo esperaba e intenta hacer todo lo posible por no llorar; Esta otra parece feliz. Pero su sonrisa es traicionera. Está nerviosa porque tiene un examen. Sonríe de nervios; Esa señora llega tarde a trabajar. Ha salido cinco minutos después de su casa y va a perder el metro. Su cara de desesperación lo dice todo.
El sol se va abriendo camino y logra reflejarse en la fachada de una vieja casa. Parece que la hayan encajado entre las casas vecinas. Tiene tres plantas y una especie de trastero. Su fachada es de color salmón, pero las humedades y el sol han hecho que se desprendan algunos pedacitos.
Las numerosas tiendas artesanales dan un toque encantador a la zona. Los dependientes ancianos sonríen y saludan como si conocieran de toda la vida a los turistas curiosos que revolotean por el lugar.
Un grupo de palomas juega en el centro de la calle. Se pelean por algo que les parece un trozo de pan. La paloma ganadora, orgullosa de su éxito, intenta saborear la comida recién adquirida, pero se da cuenta de que sólo es un trocito de papel. Avanza como si nada hubiera ocurrido.
Miles de sonidos se unen en los tímpanos. Y sin embargo tan sólo se escucha el de la voz de los respectivos acompañantes.
Todo el conjunto es precioso y hace que los habitantes habituales presuman ante la presencia de visitantes ocasionales, de los cuales, muchos repetirán, pero otros nunca volverán a sentir esta magia.