domingo 27 de abril de 2008

Relatos inacabados


La lluvia golpeó su ventana con fuerza. Despertó sobresaltada. No recordaba como había llegado a casa. Salió de su cuarto sigilosamente con la esperanza de que nadie la escuchara. Pero su madre, tan inoportuna como siempre, estaba detrás de su puerta. Su mirada de odio y lástima le dejó perpleja. No sabía como reaccionar, si preguntar o callarse, si sonreír y darle un beso o volver a cerrar la puerta de su cuarto y meterse en la cama para siempre. La incertidumbre y el silencio se apoderaron de ella.
-¿Qué pasa mamá?- su voz temblaba.
-¿Como tienes la poca vergüenza de preguntar? ¿No te acuerdas?
En ese momento un latigazo le recorrió la espalda y cayó al suelo sin sentido. Despertó al poco tiempo de nuevo en su cama. Su madre estaba a su lado, sollozando.
-No vuelvas a hacer algo así. Mañana mismo irás a la clínica.
-¿Qué?¿Qué clínica?¿De qué hablas?

Su madre le contó todo lo que había ocurrido. Su secreto. Ya lo sabían.
-Ha sido culpa tuya!Mamá, toda la culpa es tuya!- dijo con toda la rabia de su corazón- ¿Por qué no te vas tu a la clínica?Yo estoy perfectamente.
Se giró, en señal de desprecio. Sólo escuchó el llanto,cada vez más fuerte, de su madre y se desvaneció de nuevo. La debilidad podía con ella.

Continuará...